CLICS PSICOFORENSES

 ¿Sabes cuáles son las fases de la ruptura de pareja en la familia?

Según la investigadora Kaslow (1997, 2013), tres son las fases de este proceso, abarcando un total de siete etapas, así:

1. Pre-divorcio: fase ésta donde afloran las emociones y que se caracteriza por la presencia de sentimientos de desilusión, insatisfacción, alienación, ansiedad, desconfianza, desesperación, temor, angustia, ambivalencia, vacío, ira, caos, inadecuación, déficit en autoestima, pérdida, depresión o distanciamiento.

Estos sentimientos se manifiestan a través del llanto, evitación del tema, disputas entre la pareja, alejamiento físico y emocional…, aparentando que todo está normal, mientras se busca asesoría con familiares, amigos y otras personas.

2. Durante el divorcio: Es un periodo largo, que pasa de lo emocional (sin que ello se abandone), para centrarse en asuntos, principalmente, legales.

Dentro de esta segunda fase se dan cinco de las siete etapas anteriormente mencionadas. Éstas son:

a) Divorcio legal, que se presenta rodeado de sentimientos de autocompasión e indefensión y que se caracteriza porque se pueden dar reacciones tales como intentos de suicidio, consulta con abogado o mediador matrimonial, o, incluso, el hecho de acudir a un terapeuta y ponerse en tratamiento.

b) Divorcio económico, caracterizado por sentimientos de confusión, furia, tristeza o soledad. Las decisiones que, durante esta fase, se adoptan, giran en torno a temas como la guarda y custodia de los hijos menores, así como a temas económicos.

c) Divorcio coparental, etapa durante la cual se reflexiona acerca de los vínculos paterno o materno-filiales, en medio de la presencia de sentimientos de preocupación por los hijos y, como no podría ser de otra forma, miedo a perderlos. El llanto, el apoyo con los amigos y/o familiares o la vuelta a la búsqueda de alguna opción laboral (para el caso de los desempleados), son algunas de las reacciones típicas durante este periodo.

d) Divorcio comunitario, periodo en el que los sentimientos de indecisión, esperanza, resignación, excitación, curiosidad o tristeza, suelen estar presentes. También son frecuentes las conductas de búsqueda de nuevas amistades, actividades y/o estilos de vida.

e) Divorcio religioso, etapa durante la cual se busca la aceptación de la nueva situación por parte de la comunidad religiosa, así como la necesidad de que ésta apruebe la separación conyugal. Obviamente, esta etapa únicamente es vivida por aquellas personas con creencias religiosas y compromiso con las mismas.

3. Post-divorcio: La prioridad de esta fase es la búsqueda del reequilibrio. Se caracteriza porque durante ella se asume la nueva realidad de divorcio físico, recuperando la autoconfianza y adquiriendo energía, independencia y autonomía. Durante este tramo del proceso surgirán conductas relacionadas con la necesidad de redefinir la propia identidad, acomodación a un nuevo estilo de vida y, por supuesto, ayuda y apoyo a los niños para superar la situación. También se llega a considerar mantener nuevas relaciones.

Consecuencias de la ruptura en los progenitores

Está ampliamente documentado que, tanto para hombres como para mujeres, el estrés es una de las reacciones más presentes durante y después de la ruptura, siendo especialmente notorio para quien no ha tomado la decisión de separarse; en este caso, los sentimientos de confusión, rabia y pérdida, se ponen a la orden del día. En el caso de la otra parte, él, o ella, suele encontrarse sorprendido, herido, rechazado, furioso, avergonzado, traicionado y devastado.

Existe concordancia entre los investigadores en señalar la depresión y el estrés como las reacciones más comunes por parte de quién ha sufrido una separación, además de una disminución de la autoestima.

El factor económico es otro de los protagonistas dentro de la esfera de las consecuencias post-ruptura. Así, la merma de ingresos de estas familias se sitúa entre el 30% y 50%, lo que obliga a rediseñar toda la estructura económica y del día a día. Los aspectos más relevantes son:

1.   Cambio de vivienda (incluso de barrio).

2. Necesidad de dedicar más horas a la vida laboral o de recurrir a ayudas sociales, en algunos casos…

3. Algunos de los progenitores involucrados se ven avocados a regresar al hogar de sus padres.

4. Aumentan los gastos y, con ello, la dificultad para hacer frente a los compromisos financieros.

5. Reducción de los contactos del padre no-custodio con sus hijos.

6. Depresión, ansiedad, estrés…

Recientemente, tuvimos la oportunidad de participar en una valoración pericial de una familia en la que los progenitores se disputaban la guarda y custodia de su hijo de 12 años. Desde que se plantearon el divorcio, se dejaron de pagar las dos hipotecas (un piso y un chalet); el problema era enorme. Pudimos constatar cómo la separación de la pareja trae consigo pérdida de fuerza económica. Independientemente del resultado del proceso judicial, tanto el padre como la madre del pequeño hijo, se verían previsiblemente obligados a desistir de muchos de los sueños que algún día se habían planteado como familia.

Ciertamente, no se trata simplemente de separarse o divorciarse. Siempre quedarán las secuelas y, tras ellas, la imperiosa necesidad de volver a empezar, prácticamente de “cero” (en ocasiones de -XXX…).